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El entierro de los paramilitares se convirtió en un sentido
acontecimiento en Segovia, Antioquia. Los féretros fueron llevados por las
principales calles del municipio antecedidos por una banda de guerra
escolar
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La mayor victoria en la
historia del Ejército contra los paramilitares se ha convertido en una
verdadera pesadilla para el gobierno. El pasado 10 de agosto el general
Martín Orlando Carreño, comandante de la Segunda División del Ejército,
apareció en los medios presentando el balance de la Operación Tormenta. Dijo
que como resultado de varios meses de ardua labor de inteligencia sus tropas
habían dado de baja en combate a 18 miembros de las Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC) y herido a otros 19 en Segovia (Antioquia).
No acababa de dar este parte de victoria cuando en la página de las AUC
aparecía una versión muy diferente. "Veinticuatro de nuestros jóvenes
combatientes fueron desarmados y asesinados fuera de combate, en estado de
indefensión por parte de una patrulla del Batallón Plan Vial y Energético #8
del Ejército Nacional al mando del subteniente Jairo Velandia Espitia",
decía el comunicado del Bloque Metro.
El incidente hubiera pasado inadvertido si The Washington Post no hubiera
retomado esta historia un mes después. El 18 de septiembre este influyente
diario divulgó la versión de los paramilitares y destacó la coincidencia de
este hecho con la revisión anual de derechos humanos que realizaba por esos
días el gobierno de Estados Unidos a las Fuerzas Militares. Este artículo fue
reproducido por la prensa nacional y complementado por El Tiempo con un
escalofriante testimonio de uno de los paramilitares que supuestamente habían
entablado la relación con el subteniente.
El gobierno, que había mantenido silencio durante ese mes, le salió al paso a
los polémicos artículos de prensa. El vicepresidente, Francisco Santos, y la
Ministra de Defensa, Marta Lucía Ramírez, respaldaron la versión de que los
paramilitares habían sido muertos en combate pero anunciaron que adelantaban
investigaciones internas. Ante las versiones encontradas y la gravedad de las
acusaciones SEMANA viajó a la zona y trató de establecer qué fue lo que
realmente ocurrió.
Lo que se sabe
A las 8:10 de una noche oscura del viernes 9 de agosto un camión carpado que
transportaba a 36 paramilitares salió de la cabecera municipal de Segovia
hacia la vereda Cañaveral. Al llegar al sitio conocido como el Alto de los
Patios, a cinco minutos del pueblo, fue detenido por un grupo de soldados del
Batallón Energético y Vial #8, a cargo del subteniente Jairo Velandia.
Segundos después comenzó una balacera.
Según el primer informe que rindió dos días después a su superior el
subteniente Velandia, "la orden emitida a la contraguerrilla para
iniciar el fuego era atacar al sonido del primer disparo. Fue así como se
abrió fuego contra el vehículo donde se obtuvieron los resultados", dice
en una carta escrita de su puño y letra. En este mismo informe Velandia
afirma que él había planeado 15 ó 20 minutos antes la emboscada de ese camión
que sabía transportaba paramilitares con base en información suministrada por
unos mineros. Cuatro días después, en la declaración que rindió ante la
Fiscalía General, agregó: "Tomé la decisión de esperar que el vehículo
se acercara un poco más y lanzar la proclama 'alto, somos tropas del
Ejército, detengan el vehículo'. Estas personas hicieron caso omiso a mi
orden y fui recibido por fuego por parte de las personas que se encontraban
dentro del camión. De igual manera, mi contraguerrilla Francia 2 procedió a abrir
fuego contra el personal que se encontraba en el camión y que estaba
desembarcando y disparando hacia la tropa".
La versión de los paramilitares sobrevivientes, hoy capturados en la Cárcel
de Bellavista, en Medellín, es diferente. Los ocho coinciden en que venían
"de recocha" en el camión, que de un momento a otro se detuvo.
Ninguno de los sobrevivientes oyó una orden de pare. Tampoco pudieron ver
quién detuvo el camión pues éste estaba totalmente carpado. SEMANA comprobó
que, en efecto, la carpa está llena de agujeros por todas partes, incluso
atrás. Lo único que recuerdan estos hombres es que recibieron ráfagas de
metralleta por el lado derecho y por el frente del camión. Los 15 que estaban
cerca de la puerta lograron bajarse pero siete de ellos murieron acribillados
en la carretera. Los otros ocho, heridos, lograron escapar porque se lanzaron
hacia una cuneta, de donde fueron recogidos una hora más tarde por vecinos o
soldados -no es claro- y llevados al hospital. De la inspección de las
autoridades judiciales se deduce que el resto del grupo murió dentro del
camión.
A las 8:30 de la mañana siguiente, cuando llegaron las autoridades a realizar
el levantamiento, encontraron la mayoría de los cadáveres uno encima del otro
en la carretera. "Como cuando uno vacía una volqueta de escombros",
afirmó uno de los testigos. A dos metros del camión, desperdigados,
encontraron los cuerpos de los primeros siete que alcanzaron a bajarse del
vehículo.
Del camión chorreaba sangre y había pedazos de huesos de cráneo.
Según las actas de las autoridades que acudieron al levantamiento en la
carretera, en cambio, había muy poca sangre. Por eso deducen que la mayoría
de hombres murieron dentro del vehículo y no con las manos en la cabeza y a
tiro de gracia en la carretera, como afirmó el paramilitar en el testimonio
publicado en El Tiempo.
Las autoridades judiciales también encontraron vainillas de metralleta en la
montaña a unos 10 metros de altura, lo que ratificaría la versión del
subteniente Velandia en lo que tiene que ver con la ubicación de los
soldados. Cerca del camión también había casquetes de bala, pero menos.
Uno de los habitantes de Segovia, que fue el primero en llegar al sitio
minutos después de que cesara la balacera, ratificó la versión de que
"toda esa gente fue acribillada dentro del camión, porque todo el camión
iba carpado y en el piso sólo encontré ocho personas que se tiraron del
camión heridas y dos muertos". El relata que dentro del camión
"había un joven tapado con todos los muertos encima. Para poder sacarlo
a él movimos todos los cadáveres". Según su versión, cuando él y otros
vecinos llevaban 45 minutos auxiliando a los heridos y moviendo a los muertos
llegó el Ejército. Esto explicaría por qué estaban todos los cadáveres
arrumados.
La versión del habitante de Segovia también refuerza la declaración del
subteniente, quien afirmó que después de la balacera, que duró según sus
cuentas entre 20 y 40 minutos, recibió órdenes de su superior inmediato, el
teniente José Sierra, de permanecer en la parte alta como seguridad para que
él "pudiera evacuar el personal herido". Además, según fuentes del
Ejército, Velandia llamó a su hermano, que es coronel de otro batallón, y le
pidió consejo sobre qué hacer ante lo sucedido, y él también le recomendó que
se quedara arriba como protección.
Las dudas
Si bien sobre lo anterior coinciden la mayoría de las versiones, hay varias
cosas que son materia de polémica. La primera es ¿cómo sabía Velandia cuándo
y por dónde pasarían los paramilitares?
El subteniente dijo en su declaración que había obtenido esta información de
unos mineros y que había planeado el operativo 15 ó 20 minutos antes del
fuego cruzado.
Por su parte 'Rodrigo Franco', comandante del Bloque Metro de las AUC, dijo a
SEMANA que "los comandantes de la zona se habían puesto de acuerdo con
el subteniente Velandia para realizar una operación contra las Farc. Estaban
totalmente confiados porque el acuerdo era un hecho". En efecto, según
relató un paramilitar de la zona, ellos habían entablado hacía más de un mes
una relación con Velandia para cumplir misiones que el Ejército no podía
realizar por ser ilegales y ese día los citó a una reunión. Les dijo que
tenía información de que un bloque de la guerrilla se alistaba en el Alto de
Bagre para atacar la base militar o el campamento paramilitar a unos minutos
de la cabecera de Segovia. "Cuadramos, entonces, la operación en
conjunto. Acordamos que él nos quitaba el retén del Alto de los Patios.
Nosotros bajábamos en camión hasta la vereda Aporriao y caminábamos hasta
Juan Brand, donde nos encontraríamos con él para atacar a la guerrilla, dijo
el paramilitar a SEMANA. Quedamos que en el retén yo le hacía cambio de luces
y pitaba dos veces para que la tropa no pensara que había algo raro".
Este joven, de 24 años, con los ojos rojos afectados por terigios, dice que
él pasó en la moto, hizo el 'santo y seña'. Y que detrás suyo pasó el camión
con sus 36 compañeros. A los pocos minutos oyó los disparos y se devolvió
pensando que se habían topado con la guerrilla. "Fue cuando me encontré
con los soldados, quienes me dijeron, ¿A dónde va? No ve que mi teniente se
les torció por buscar un ascenso o la ida al Sinaí", dice 'Oscar', quien
afirma que esos mismos soldados le contaron que la orden del subteniente era
disparar si querían obtener su libreta militar. Vecinos del lugar le
confirmaron a SEMANA que minutos antes de escuchar los disparos habían visto
pasar esa moto.
Frente a estas versiones encontradas sobre cómo Velandia obtuvo la
información sobre el camión la que deja mayores dudas es la del propio
subteniente. Las autodefensas andan como Pedro por su casa en Segovia y
tienen arraigo entre la población. Prueba de ello fue el apoteósico entierro
que tuvieron los muertos. Casi todo el pueblo se reunió para sus honras
fúnebres, les hicieron calle de honor a sus féretros recubiertos con la
bandera tricolor y las autoridades pronunciaron sentidos discursos.
Es poco probable, entonces, que los pobladores los hayan denunciado al
Ejército, máxime cuando es evidente la relación amigable que suelen tener en
público con las autodefensas que se pasean de civil por las calles. Pero esta
no es la única ni la mayor duda. ¿Cómo pudo un subteniente de 23 años planear
el operativo más grande de la historia contra los paramilitares en tan sólo
15 minutos, según su propio testimonio, y sin contar con el aval de sus
superiores ni el respaldo del resto de la tropa? Si su intención era
capturarlos y no acribillarlos, ¿cómo se explica que la relación entre los
paramilitares y soldados fuera escasamente de uno a uno cuando los manuales
de operaciones tácticas exigen una proporción mínima de 4 a 1 para este tipo
de acciones militares? La disposición de la tropa era efectivamente de
emboscada y no de un operativo de captura. Además había formas y lugares más
fáciles para capturarlos, como atacar el campamento que todo el mundo en la
zona sabe dónde está ubicado.
Ahora, tampoco es claro qué motivaciones tendría el subteniente para realizar
una operación de semejantes proporciones, más si su misión principal como
miembro del Batallón Energético es cuidar la infraestructura que nunca había
sido atacada por las AUC. Las versiones que circulan en el pueblo y entre las
autodefensas es que quería ganar puntos con sus superiores con miras a un
ascenso. "La presión dentro del Ejército para que sus hombres consigan
positivos contra las autodefensas es bastante grande, incluso los ha llevado
a tomar acciones desesperadas como esta", afirma 'Rodrigo', jefe del
Bloque Metro.
Pero esto tampoco es tan evidente. Si se trataba de dar 'positivos', ya
supuestamente lo estaba logrando contra la guerrilla con el apoyo de los
paras. Y en todo caso, capturar un grupo tan numeroso hubiera sido
considerado un 'positivo' mayor que haberlos dado de baja.
De ahí que no sea fácil establecer cuál fue la motivación de Velandia, y
menos aún sus verdaderas intenciones. Al respecto se han tejido dos
hipótesis. La primera, que fue producto más de la inexperiencia del
subteniente que de su sevicia. Un disparo de un soldado nervioso pudo haber
provocado una reacción instintiva y desproporcionada de la tropa, teniendo en
cuenta que los paramilitares estaban prácticamente encerrados dentro del
camión. La segunda, que Velandia no actuó como rueda suelta sino que obedeció
órdenes superiores. Sin embargo no hay evidencia que sustente esta hipótesis,
ni tampoco que el hecho de que Estados Unidos fuera a certificar al Ejército
en derechos humanos en días posteriores al sangriento episodio fuera más que
una coincidencia. Estos interrogantes tendrán que ser resueltos por el
gobierno en la investigación que ya inició. Si se llegara a comprobar la
versión de las AUC de que había una relación de socios con el Ejército y que
hubo una traición sería un escándalo de grandes proporciones.
En todo caso queda la reflexión de que si los muertos hubieran sido
guerrilleros seguramente la acción hubiera sido considerada heroica. Sin
embargo, como algunos sectores de la opinión pública creen que los
paramilitares son un mal necesario, la cantidad de muertos impactó. Pero
desde el punto de vista de un soldado que recibe la orden de combatir por
igual a paramilitares y guerrilla, ¿qué diferencia hay entre bombardear a los
guerrilleros desde el aire que ametrallar a unos paramilitares en un camión
en tierra? El malestar que ha generado ese operativo, a pesar de los
pronunciamientos oficiales, pone en evidencia que en el país subsiste una
doble moral frente a los dos grupos ilegales del conflicto armado. No se
miden con el mismo rasero.
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